top of page

Stephanie Milla, 33 años

Todos los especialistas se enfocaban en mi obesidad. Médicos y psicólogos me indicaban que nunca iba a cambiar a menos que me operara. Claramente nada me funcionó. Seguía gorda y mi relación la comida se transform en una especie de dependencia.

Conocer tu trabajo, tus talleres y luego participar del Programa Yo como en Paz fue Liana salvación: al fin alguien entendía lo que sentía en mi interior y que nadie podía comprender, que no era solamente dejar de comer porque no resolvía el problema de raíz.

Sinceramente ingresé a el programa con incertidumbre: no sabía si yo iba a poder ser constante o si iba a poder comprometerme conmigo misma.

Sentí un alivio con el programa,. Con lo aprendido pude descubrir mis verdaderos conflictos, aprender a esuchar a mi cuerpo. 

Aprendí que mucho de lo que como se debe a otros tipos de hambre y  la importancia de cuidar la salud mental.

Pero por sobretodo logré encontrar el sentido de autocompasión, de respetarme, poner límites, cuidar mi cuerpo, de cada día elegirme como mi prioridad.

No creí poder sentirme orgullosa del cambio logrado y del deseo de persistir en el camino del amor propio y la alimenetación consciente y lo logré.

Bárbara Campos., 33 años. 

"Es increíble como en este tiempo mi visión de la comida, de mi cuerpo y de mí misma ha cambiado.

Estas semanas de aprendizaje no sólo hicieron que apreciara nuevamente mis alimentos y dejara de alimentarme con culpa, sino que aprendí a reencontrarme con mi esencia, con esa mujer que estaba plenamente dormida y que por mucho tiempo decidió esconder sus miedos, frustraciones y penas en la comida.

Sin quererlo, fui entendiendo que a medida que mejoraba mi relación con la comida, mis relaciones afectivas con el resto y conmigo misma, mis problemas y mis inseguridades también se iban transformando". 

Sofía Mendoza, 19 años​

Aprender a quererme, aprender a amarme en todas mis facetas, aprender a brillar aún cuando todo al rededor se ve oscuro, aprender a renacer desde los más interno de mi corazón, aprender a escuchar mi verdadera voz y no a esos pensamientos que me abruman, aprender a mirarme como de verdad merezco que me miren...estas son algunas de las cosas que he puesto en práctica y que he aprendido desde que comencé este programa.

 

Mackarena me enseñó que todas las respuestas están dentro mío.

 

Estoy muy feliz y a la vez me siento con una gran responsabilidad. 

.

Yanina Baeza., 26 años.

Agradezco mucho el programa porque me ayudó a prestar atención sobretodo a la comida y bueno, CONCIENCIA.

Ahora todo me hace sentido y tomo conciencia de todo lo que me rodea.

Me ayudó a reconectarme conmigo misma y eso es lo que necesitaba.

He notado muchos cambios: como cambios físicos que me hicieron sentir mejor, volví a realizar actividades que me hacían sentir bien y que lograban de alguna manera reflejo mi esencia.

Estoy super feliz con el programa.

Rodrigo Cárcamo., 40 años.

Estas semanas han sido de un profundo autoconocimiento respecto a mi relación con la comida y también de de mucho aprendizaje. 

A pesar de que muchas cosas estaban a la vista, no sabía que estaban ahí o no quise verlas por piloto automático asociado a mis costumbres programadas emocionalmente como sistema de creencias o reflejos condicionados desde la infancia.

Aprender a ver eso, identificarlo y mirarlo con compasión permite alejar el juicio y experimentarlo aquí y ahora.

Fue y seguirá siendo una experiencia enriquecedora en muchos aspectos y me siento feliz de haber participado de este grupo(...) un gracias de corazón no resulta suficiente.

Karen Acevedo, 32 años

Durante la realización de este programa, he aprendido a ser mucho más compasiva conmigo, con mi cuerpo, con sus cambios, incluidos los kilos de más.

 

He vuelto a mirarme al espejo con amor, con agradecimiento a lo realmente importante, como es hoy estar saludable.

 

Hoy puedo dejar los juicios y culpas y al car en ellas, sé que puedo volver a respirar conscientemente y retomar todo esto desde el amor a mí misma, a mi proceso, al paso a paso, al día a dia.

 

Así que la verdad, sólo puedo agradecer. 

Maria José Zeballos, 33 años

Cuando tome el programa fue principalmente porque  no me pareció normal y me cansaba pensar en comida todo el día.

 

Descubrí  que mi principal problema era querer contarlo todo, llevar el perfeccionismo a la alimentación,  era restrictiva y dura conmigo y al ser así salía yo rebelde a comer a escondidas y probablemente por eso escondía comida.

Con el programa he logrado ser autocompasiva conmigo pues es un proceso,  comer alimentos que tenía satanizados sin perder el control, dejé de esconder comida, dejé de aprovechar los momentos que estaba sola para comer, bajaron mis pensamientos obsesivos de cuando será la próxima comida. 

Me abrí a comer otras cosas, a disfrutar otras cosas que había dejado de comer y siento que desde ahí el dese de violar la regla se me pasó bastante.

Antes la felicidad y el compartir era comer, comer, comer y ahora me doy cuenta que lo central es que quiero estar con mis amigos y la comida es secundaria.

 

Ya no me pasa querer comérmelo todo y empezar a hace dieta al día siguiente.

 

Ya no necesito la pizza o el sushi para sentir que es un buen día. 

Mariela González, 37 años

Feliz con el programa , contigo, con el grupo, me han ayudado a avanzar en una tarea que veía demasiado difícil y que hoy entiendo de mejor manera para saberla manejar, aprendizajes guardados en el alma y que llevaré en mi momento Presente, jeje

Aprendí a comer más lento, a estar más presente, a disfrutar más de todo.

 

Entré queriendo bajar de peso, sabiendo que no era el objetivo principal de este programa, pero me di cuenta que el problema no eran 10 kilos más, sino todo lo que estaba evadiendo con la comida y que no me había dado cuenta.

 

Al final siento que logré cosas mucho valiosas que bajar de peso, que me van a servir para toda la vida. 

Natali Vergara, 37 años

Este curso me hizo darme cuenta que se puede comer de todo, pero en porciones pequeñas, lo cual antes lo no podía hacer, si no me comía toda la barra de chocolate no quedaba satisfecha. Pude comer con atención plena, escuchando a mi cuerpo, sabiendo cuando parar y disfrutando de la compañía de mi familia.

 

En otro momento sólo hubiese estado pensando en la comida (...) mi corazón estaba nutrido también.

Me di cuenta que lo que me faltaba era amor propio, era nutrirme a mí misma.

 

Cuando nutro mi corazón todo es más bonito, hasta los colores los veo distinto.

 

Tengo más ánimo, me cuido y me siento bien en general.

 

No he tenido más atracones. 

Lorena Fuentes, 27 años

Mi problema era no saber controlarme en los atracones y comer, comer hasta sentir dolor, en el mes de Septiembre no he tenido ningún atracón y eso que he comido cosas que no tengo "permitidas" por salud, pero cuando tengo ganas no me torturo los disfruto y eso ya no me genera estrés ni ganas de comérmelo toooodo porque tendré que compensar.

 

Asi que no he caído en el circulo vicioso de castigo que tanto me hacía sufrir. 

 

Me di cuenta que es super emocional mi problema con la comida, ahora me pasa mucho que no me castigo por eso, puedo comer y disfrutar…y listo, no me domina, tampoco pasa siempre, ni me quedo pensando en eso.

Es clave hacerme cargo de lo que tengo que hacerme cargo, no está en mis manos todo, no sufrir por cosas que no son necesarias…eso me ha sacado un montón de peso mental, eso me ha tenido con menos estrés, más tranquila. 

Constanza A. 32 años

Antes del programa funcionaba sólo con el botón automático, solo vivía y comía ante el impulso, ahora no, ahora aprendi a ser mas consciente, se que me queda un largo camino que. recorrer y sólo dependerá de aplicar lo aprendido, pero tengo todas las herramientas para poder hacerlo y lograrlo.

 

Ahora me veo y me acepto con más amabilidad.

 

Me llevo la gratitud de llevarme todas estas herramientas, el tema de vivir el presente y que puedo estar “en sí”, pendiente de mí, de lo que pasa en mi cuerpo, de escucharme.

 

Ahora lo sé, sé que el cuerpo habla y que a veces pide a gritos parar. 

Juan Pablo Uribe, 34 años

El programa Yo como en PAZ es algo que le recomiendo a todo el mundo.

 

El trabajo que  ha hecho Mackarena en cuanto al contenido y el acompañamiento que hace semana a semana son de primer nivel. 

Hay muchas cosas que aprendemos y crecemos asumiendo como dogma sin cuestionarnos más allá, siendo la comida una de ellas. Y es impresionante la cantidad de patrones, comportamientos y razones que hay detrás del acto de comer que desconocemos y que no es hasta que lo hacemos de manera consiente que aprendemos de ellos, aprendemos de nosotros mismos y nos acercamos cada vez más a una versión intencionada de nuestro ser. 

Definitivamente me voy con una mirada totalmente nueva del comer y con hábitos renovados.

No hay nada mejor que comer, disfrutar de la comida y todo sin culpa!

Andrea Deichler, 35 años

Yo como en paz ha sido un viaje de exploración y descubrimiento.

 

Entender la alimentación consciente es un paso para conocerme en profundidad. Estoy feliz de haber participado, y sé que es un proceso que se queda conmigo, e incluso me entrega las herramientas para continuar en el tiempo.

 

Macka es una excelente guía y psicóloga, que crea ambientes de confianza, certezas y cariño.

 

También haber compartido con mujeres que caminan el mismo trayecto te hace sentir menos sola.

 

Recomiendo 100% 

Macarena Ponce, 37 años

Hoy entiendo que soy capaz de llevar una relación sana con la comida, no desde la restricción o la culpa, la ansiedad o la tristeza y ya no necesito comer para ocultar o evadir estos sentimientos desagradables.

En este proceso me reconozco imperfecta y abrazo esa imperfección, como parte integrante de mí.

Veo cambios sutiles, pero grandes. Siento que inicié el camino ahora viendo mas claro.. en HD, con una nueva mirada...

 

 Hoy desde una mirada autocompasiva, con menos autoexigencia valoro mi camino, dónde estoy hoy y desde esa valoración seguiré en consecuencia.

 

Muchas gracias Macka por todo, por destinar tu tiempo y energía en ayudarnos en este proceso.

Hoy me siento más conforme con la integridad de mi ser, y te agradezco enormemente tu presencia en este proceso.

 

Gracias, gracias, gracias.

Jéssica Jaque, 42 años

Haciendo este curso, me sentí bien.

 

Sentí que aprendí a meditar y a tener herramientas para calmar mi hambre.

 

También aprendí que existen diferentes tipos de hambre y al conocerlos, pude entenderme mejor y tratarme amablemente.

 

Así como también entendí que esto es un proceso, por lo cual toma tiempo implementarlo.

Yesenia Cid, 31 años

En este proceso me ayudó mucho el encuentro semanal con Macka, necesitaba vaciarme y volver a llenarme con lo que realmente me gustaba. 

No sabía realmente qué buscaba pero a conectar con la comida desde todos los sentidos comencé a experimentar con mi sentir y finalmente conectar con lo que buscaba mi alma.

En esa conexión la vida se siente más liviana, el vacío no desespera, ni genera angustia, al contrario, se vive como una sensación de liberación. Me refiero al vacío del cuerpo, la mente y el alma. 

La meditación la viví también así, como un proceso de vacío que trae también mucha calma y finalmente permite volver a conectar con nuestros deseos más puros.

Sigo comiendo cuando quiero comer, pero ya cada vez busco menos comida.

No sé si bajé o no de peso, porque en el camino comprendí que mi objetivo era otro: conectar con el pulso de mi corazón, ese que trae serenidad.  

Todos los derechos reservados. Mackarena Duhalde (2026)

bottom of page